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Primo
humano ayúdame. La petición esta semana de derechos fundamentales
para los grandes simios ha organizado una pelotera.
Pero, ¿qué opinan nuestros hermanos animales?
Con este reportaje, narrado en primera persona desde la supuesta
voz de un chimpancé, 20
minutos estrena sección: una mirada a la actualidad
desde el espíritu de la tradición periodística de contar
historias sobre las personas y lo que les ocurre.
Y si te dijera que soy celoso, caprichoso, que durante días
puedo hacerme el enfadado, aunque en realidad anhele tu abrazo. Que escondo mi
sonrisa tras mis manos, porque me encanta jugar, ser el centro de atención.
Ponerme en el lugar de los otros. Y hasta mentir.
Y si dijera que soy como un niño de dos años, o incluso de seis,
dicen. Y que entre los tuyos hay quienes reclaman para los míos
los derechos básicos a través de una declaración universal. ¿Qué dirías
si dijera que soy un chimpancé?
Humano, primo primate, mi sangre más próxima en el mundo animal. Nuestro
mundo se extingue. La familia de homínidos está a punto
de partirse para siempre en los próximos 20 años. No tengo capacidad
suficiente como para expresarlo en signos o en el lenguaje de mudos que me habéis
enseñado. Recientemente lo ha hecho por mí el Proyecto
Gran Simio entre los machos alfa de vuestra manada en el Congreso, a través
de una proposición no de ley. Escuchad mi historia, la última oportunidad,
tal vez...
Soy un superviviente, como casi todos los que nos encontramos en el santuario.
Sobreviví a una de nuestras muchas guerras africanas. Os lleváis
nuestros bosques y nos obligáis a luchar hasta la muerte por
los territorios.
Si fuera de la especie de los bonobos lo solucionaría con caricias y sexo,
llevaría a los enemigos a mi terreno; quizás por eso ellos se extinguirán
primero.
En eso los chimpancés nos parecemos mucho más a vosotros: luchamos
y solucionamos las disputas a golpes. Mi mundo es competitivo y atacamos
por los recursos. Todo lo que sé lo he aprendido de mi grupo, es mi cultura
exclusiva: el uso de herramientas para romper nueces, la ingesta de determinadas
plantas medicinales. No nazco educado, aprendo de los míos.
Fui secuestrado, apartado de mi grupo, me trasladaron a vuestro mundo, me castraron,
me cortaron las cuerdas vocales para que no chillase, me arrancaron los dientes
para que no mordiera. Es algo común. Me metieron en una cueva cubierto
de mis heces y orines.
Y lo más importante: yo sufro, más allá del dolor intuitivo,
sufro. Mi pequeña conciencia llega hasta este punto.
Finalmente he tenido suerte. Pasaré mis últimos días en
un santuario. Jamás podré regresar a África: mis hermanos
me matarían, o quedaría aislado, o podría hacer que enfermaran.
Al menos no acabaré en un centro de experimentación. Me convertiré en
un consentido. Coquetearé y me haré el modosito cuando quiera
algo. No seré un esclavo. Mi rudimentario pensamiento simbólico
estará en paz.
En libertad soy capaz de mantener alianzas, amistades de por vida. Me encariño
hasta volverme posesivo, y me despiojo con otros. ¿Podremos mantener
nosotros esta relación? ¿Estáis preparados para una prueba
de fuerza animal?
Os lo repito en signos para ver si queda más claro: «Humano,
ayúdame»
La opinión de este chimpancé ha sido redactada tras entrevistar
a personas que conocen de primera mano el comportamiento de los grandes simios:
la psicobióloga Ángela Loeches (UAM); el secretario general del
Proyecto Gran Simio, Pedro Pozas, y el director del Centro de Estudios de Primates
Rainfer, Guillermo Bustelo.
Fuente: 20minutos.es
Autor: Javier Rada.

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