Réplica
a Adela Cortina sobre el Proyecto Gran Simio.
Estimada Sra. Cortina, respecto a su artículo "La
pequeña Simia", deseo en primer lugar agradecerle
su interés en la causa de los derechos de los animales
y en el especismo, sobre el cual ha hecho, por cierto,
una brillante exposición. También su interés
en el Proyecto Gran Simio, el cual nuestra organización
está promocionando y defendiendo.
A continuación quisiera responderle a algunas de
las interesantes cuestiones que plantea. En primer lugar
y respecto del sexismo, le doy la razón. Es difícil
no incurrir en el sexismo en castellano, y efectivamente,
una buena traductora o traductor no debe limitarse a copiar
un texto, sino adaptarlo a su contexto lingüístico
de destino. Precisamente por eso, hay que sacrificar a
veces algunos aspectos en pro de otros más relevantes.
En este caso, "Great Ape Project" es, al menos,
el nombre de una Fundación, el título de
un libro y el título también de una gran
campaña a nivel mundial. Todo esto tiene unas consecuencias
para el texto traducido, tales como que debe ser directo,
conciso, atractivo para el público, etc. Nombres
como "El proyecto de las grandes simias y simios", "El
Proyecto Gran Simi@" o "Proyecto Gran Simio/a" difícilmente
cumplirían estas características. Con todo,
y como he dicho, le doy la razón y le aseguro que
defendemos a simias y a simios como a cualquier animal
capaz de sentir, independientemente de su sexo o especie.
Con respecto al especismo, la cuestión se complica
un poco. Efectivamente, desde su inicio el Proyecto Gran
Simio ha recibido críticas desde sectores animalistas,
en general incidiendo en lo que Vd. manifiesta, es decir,
el PGS es especista (discriminatorio en razón de especie)
porque sólo representa a determinadas especies, y
además se centra en el parecido (genético y
de otros tipos), de dichas especies con la humana, en lugar
de en otros aspectos mucho más relevantes en el plano
moral como la capacidad de sentir, como bien dice la frase
de Bentham que Vd. cita, y por tanto la capacidad de poseer
experiencias que el individuo percibe como positivas o como
negativas para sí. Así pues, quienes intentamos
desterrar el especismo de la sociedad y al mismo tiempo apoyamos
el PGS incurrimos en una aparente contradicción, que
trataré de deshacer a continuación.
En primer lugar está la declaración fundacional
del propio PGS, el cual manifiesta ya desde el principio
que la idea de dar derechos a los grandes simios y simias
es sólo un primer paso, tal como se manifiesta en
el libro que da nombre al proyecto y que, en su prólogo,
anuncia que "el Proyecto Gran Simio aspira a ser un
paso más en el proceso de extender la comunidad de
los iguales", y que el deseo de las personas fundadoras
del proyecto es que se reconozcan derechos a todos los animales
por su propio valor como individuos e independientemente
de su especie y por supuesto de su parecido o no con el ser
humano.
Por otra parte, está el simple hecho de que cuando
las defensoras y defensores de los animales hacemos campaña
contra alguna forma concreta de abuso y explotación,
no quiere decir que ignoremos las demás. Es decir,
si hacemos campaña contra el uso de animales en los
circos, no quiere decir que ignoremos a todos los que no
sean tigres, leones o elefantes utilizados contra su voluntad
en circos. Ni tampoco que hagamos campaña contra el
uso de pieles significa que sólo nos importen los
visones o los armiños. Son muchas las especies explotadas
y muchas las formas de explotación y es fácil
comprender que no podemos hacer todo a la vez.
Es muy difícil defender a los animales no humanos
en una sociedad profundamente especista como la nuestra.
Una sociedad que, gracias a la revolución industrial
y desgraciadamente para los no humanos, ha mecanizado los
procesos de explotación y degradado a individuos capaces
de sentir a meros objetos de una cadena de producción
tan eficiente que mata a 3.000 animales por segundo y cuyas
víctimas, que se cuentan por miles de millones cada
año a lo largo y ancho del planeta, sufren todas las
formas de explotación y tormento imaginables, no gozan
de más reconocimiento moral que su simple valor económico
y sus gritos se ahogan en las paredes de sus prisiones sin
que el mundo pueda oírlos. Y esta situación
carece de culpables concretos, toda la humanidad es responsable
de ella a causa de su percepción moral especista,
o sea: los animales no valen, son inferiores, están
para servirnos. Y por tanto, la única manera de acabar
con este estado de cosas es socavando el propio prejuicio
sobre el que se asienta.
Ante tanto sufrimiento y crueldad es difícil saber
qué camino seguir. Las personas que tenemos sensibilidad
hacia el sufrimiento de los animales no humanos y que hacemos
lo posible para que éste termine, tenemos el difícil
reto de actuar de la forma más eficiente posible.
Lo cual no es nada fácil. Y tenemos que saber a qué nos
enfrentamos: ni más ni menos que a una forma de entender
el mundo que ha existido desde los principios de la humanidad
y es común a todos sus pobladores.
Los fundadores del Proyecto Gran Simio, así como
la mayoría de quienes lo auspiciamos, deseamos la
liberación moral y real de todos los individuos capaces
de sentir. Y se ha juzgado que esta es una buena forma de
empezar a andar ese camino, que desgraciadamente se anuncia
muy largo. No se trata de un fin, sino de un comienzo. Pensamos
que para una buena mayoría de la sociedad puede ser
más fácil estar de acuerdo en asignar derechos
a quienes tanto se parecen a nosotras/os. Y, una vez conseguido
esto (ahí es nada), se habrá abierto una puerta,
que traspasaremos para seguir trabajando, para seguir andando
ese camino. En realidad ya estamos trabajando en ese sentido,
independientemente de que esa puerta se abra o no. Para que,
algún día, el ser humano considere a un orangután,
un delfín, un elefante o un puercoespín como
individuos que merecen respeto y que no tenemos derecho a
explotar, torturar o asesinar en aras de una imaginada superioridad.
Entendemos las críticas, aplaudimos las que son constructivas,
y la animamos a Vd., Sra. Cortina, así como a cualquier
persona que simpatice con nuestra causa, a unirse a nosotras
y nosotros para crear un mundo más justo y menos cruel. Rafael Boró.
Portavoz de ALA-Derechos para los Animales. www.liberacionanimal.org

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