A
la pequeña gran simia.
Señora Cortina:
En su artículo "La pequeña simia" publicado
el pasado 4 de septiembre en este diario, nos acusa públicamente
de discriminar a las simias y a los pequeños simios.
Permítame que le aclare que no se trata de ninguna discriminación.
La palabra "Simio" que forma parte del nombre
de nuestra asociación, no hace referencia a un individuo
que, efectivamente, podría ser macho o hembra; si
no a un grupo zoológico caracterizado por ser primates
sin rabo. Ese grupo zoológico se llama Simios y no
simias, como los mamíferos voladores se llaman Quirópteros
y no quirópteras, y los animales con pelo se llaman
Mamíferos y no mamíferas.
Respecto a los "pequeños simios", nosotros
no podemos discriminarlos sencillamente porque no existen.
Existen los simios pequeños, pero no los "pequeños
simios". Me explico: la palabra "Gran" de
Gran Simio no es un adjetivo calificativo; sino parte del
nombre de un grupo zoológico. Es como el Gran Cañon
del Colorado que se llama
así, porque se llama así y no para distinguirlo
del Pequeño Cañón del Colorado, que
no existe (independientemente de que el río Colorado
tenga algunos cañones pequeños).
Nosotros nos llamamos Proyecto Gran Simio porque cuando
se creó nuestra asociación en 1993, así se
llamaba el grupo zoológico al que queremos defender.
Si nos hubiésemos creado después de 1997 nos
hubiésemos llamado Proyecto Homínido (no homínida)
y nos dedicamos a defender a los homínidos, como otras
asociaciones están
especializadas en defender ballenas, toros o animales de
compañía.
Acusarnos de discriminar a los animales no homínidos
es como acusar a un abogado laboralista de discriminar a
las personas que tienen problemas conyugales, a un cardiólogo
de discriminar a quien tiene problemas estomacales o a una
filósofa política de discriminar a la filosofía
de la ciencia.
Francisco Cuéllar
Secretario General
Proyecto Gran Simio

|